martes, 25 de diciembre de 2012
Cogito ergo scribo
Ni tras una feroz batalla soy capaz de darme tregua. Sigo navegando río arriba, indagando en aquello que ayer omitía; por lo que hoy tengo este porte, cansado, pero con ganas de guerra más que de paz. El dolor que destilan mis pasos deja ver un retal de confusión e impotencia que me sigue y no mengua, que clava en mi sus afiladas garras mostrando mi interior. Mis agallas se fueron hace tiempo y mi razón con ella, será por eso por lo que no me encuentro últimamente y me limito a reflexionar mientras escucho los sonidos de mi urbe a altas horas de la madrugada. Calma fuera y gritos en mi interior. Intentando escapar del desazón que produce mi desorden interno. Ya no escribo como antes. Cada línea nueva la pago con sangre y cada folio que lleno son tormentos, dudas o fallos que ni yo mismo se distinguir ni mucho menos superar. He llegado a ese punto donde hablar al folio pasa de ser afición a ser necesidad, donde me exijo más que en ningún otro sitio, donde quiero alcanzar el cenit de mis capacidades. Es curioso que lo que antes me otorgaba vida, ahora me la arrebate sin piedad alguna, pero así soy yo. Me gusta hacerme daño con la escritura, hacer supurar la herida, abrirla y cerrarla, con el fin de encontrar la respuesta que busco sin conseguirlo. Cabreado conmigo mismo por conocerme demasiado, pero en paz porque en el fondo sé que lo que hago es mi voluntad, cosa que muchos no pueden decir.
martes, 18 de diciembre de 2012
Hojas rotas
Observando los últimos posos del café, siendo testigo de lo que la ciudad ofrece. El vaso, casi vacío, nos otorga una visión traslúcida de los hechos, una visión que decidimos creer, o no creer.
La deformidad de los días me da la vida al igual que me la quita. La noche, en cambio, es placentera, tranquila, oscura, fría, tensa, y solitaria; será por eso por lo que me gusta tanto.
Cada tic del reloj es un momento de agobio, cada tac, uno de alivio, de relajación. El corazón bombea a su compás y solo yo soy dueño impotente de una máquina casi perfecta que provoca en mi interior sensaciones tan únicas como efímeras. Que fácil es hacerle daño a una persona y que difícil repararlo, ¿No?
Resuenan en mi cabeza todavía esas campanas que tocaste en mi nombre, taladrando mi persona hasta dejarla débil. Resuena en mi cabeza todavía esa melodía de sirena, que volvería loco a cualquier navegante y que conmigo no iba a ser menos.
Al fondo de la habitación, un flexo, este lienzo y el vómito de mis recuerdos; que no son nada y cada vez lo son menos.
La deformidad de los días me da la vida al igual que me la quita. La noche, en cambio, es placentera, tranquila, oscura, fría, tensa, y solitaria; será por eso por lo que me gusta tanto.
Cada tic del reloj es un momento de agobio, cada tac, uno de alivio, de relajación. El corazón bombea a su compás y solo yo soy dueño impotente de una máquina casi perfecta que provoca en mi interior sensaciones tan únicas como efímeras. Que fácil es hacerle daño a una persona y que difícil repararlo, ¿No?
Resuenan en mi cabeza todavía esas campanas que tocaste en mi nombre, taladrando mi persona hasta dejarla débil. Resuena en mi cabeza todavía esa melodía de sirena, que volvería loco a cualquier navegante y que conmigo no iba a ser menos.
Al fondo de la habitación, un flexo, este lienzo y el vómito de mis recuerdos; que no son nada y cada vez lo son menos.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Whisky de Malta
No se la vendí, pero si cambié mi alma al diablo por dos discos y una vieja radio. Me puede el gélido ambiente de algunas noches al igual que siento la perforación, al recordar, de esas viejas agujas oxidadas. Haría del asfalto una alfombra, de la calle un templo y del parque un búnker donde sólo tenemos permitida la entrada esas almas errantes que buscamos paz en tiempos de guerra y caos.
Parece que fue ayer cuando vivíamos por y para ser felices y aunque hoy también lo hacemos, las perspectivas son diferentes. Hoy duele cuando fallamos, cuando sentimos, cuando recordamos... Hoy duele más que ayer; tal vez porque se acaba el tiempo o tal vez porque nos damos cuenta de que las heridas que no se ven son las que más tardan en curarse.
Quiero encontrar el trocito de espejo entre los miles de cristales rotos de ese vaso. Quiero encontrar el granito de arena que desentona del resto. Quiero sentirme único, venciendo en un pulso a la monotonía y rompiendo las reglas, una vez más, para dejar huella.
Parece que fue ayer cuando vivíamos por y para ser felices y aunque hoy también lo hacemos, las perspectivas son diferentes. Hoy duele cuando fallamos, cuando sentimos, cuando recordamos... Hoy duele más que ayer; tal vez porque se acaba el tiempo o tal vez porque nos damos cuenta de que las heridas que no se ven son las que más tardan en curarse.
Quiero encontrar el trocito de espejo entre los miles de cristales rotos de ese vaso. Quiero encontrar el granito de arena que desentona del resto. Quiero sentirme único, venciendo en un pulso a la monotonía y rompiendo las reglas, una vez más, para dejar huella.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Nirvana
Y ese roce tumbó las paredes. Exhausto y a la vez vital. Taciturno y locuaz. Irreverente a la vez que considerado y fogoso, tan fogoso que derretiría hasta el más puro hielo. Quitémonos la ropa, los complejos, las ataduras, la cabeza. Dejemos hablar al fulgor, a la rabia y acatemos su palabra sin pensar en las consecuencias. Hace mucho tiempo que asesinamos los tabúes, pero hace más aún que nos cargamos los miedos. Podemos con todo y el todo puede con nosotros, pero a la hora de querernos graniza, truena y cerrar los ojos y sentir se convierte en nuestro mejor arma. ¿Qué culpa tengo de que tú seas mi nirvana, si gracias a ti he aprendido a querer? ¿Qué culpa tengo de que tú seas mi luz en la sombra, mi ojo de Horus, mi "por qué" a secas? Prolonguemos ese instante de placer en el que conectan nuestros ojos. Hagamos fuego de miradas. Paremos el mundo para bajarnos en la luna, pues nuestro tren, solo tiene esa parada. Quiero tus labios burdeos y tus pupilas esmeralda. Amanezcamos bajo el hielo de un motel en Noruega y, por qué no, gritémosle al mundo que no hemos conseguido el cielo, pero casi. Busco anexión entre nosotros y a la hora de la verdad, no puedo encontrar otra cosa. Preciso sencillez y complejidad, locura y sensatez, busco hastío, y empalagarme de él para que el retorno a tu cuerpo sea tan ardiente que la sábana se tiña del color de la guerra. Valiente caballero defendiendo su reino, valiente caballero enamorado. Valiente muerto, de dolor, de silencio, valiente, así soy yo. Objeto que pueda darte paz, pues soy hombre de guerra. Objeto que pueda esconderme, si no es entre tus piernas. Objeto que no tengas mi sonrisa si la pides y objeto, como siempre, ser sólo algo que recuerdas. Si caen lágrimas, serán de fénix. La rabia que acumule, de fenrir, y mi coraje... Mi coraje es tuyo, úsalo a tu antojo. Burlemos los nervios al compás de los latidos y fundámonos en una nota musical que provoque escalofríos a cualquiera. Toquemos la tecla y seamos testigos de algo tan nuestro, que por ese simple hecho, sea perfecto Quiero ser el druida de esos labios y observar su curva desde mi escritorio. Quiero ser el que arranca a reír cada vez que el tiempo quiera llevarse nuestra historia, porque el tiempo es poderoso, pero no tanto.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Ártico
Al margen. Frío y distante. Hielo puro. Bajo cero. Un témpano que dentro encierra el fuego más intenso que puede irradiar una persona. Comido por lo que vaga por mi cabeza y con ganas de explotar, reduciendo todo a cenizas en una espiral de rabia y desacierto. ¿Daré entonces con la tecla? ¿De verdad esa es la fórmula? Cada persona es un mundo, en cambio, las consecuencias son las mismas.
Solo sé que estoy, que el desastre implica malas decisiones antes tomadas y que el saber llama al saber. Las heridas que ayer dolían acabaron convertidas en recuerdos que todavía no he borrado, tal vez por miedo, o tal vez porque así sé que lo que ahora tengo es mil veces mejor.
Solo es un punto de vista diferente, gris. Un gris que iluminará mi más oscura luz, apagando los más brillantes resquicios de lo que quede en mi mente. Un gris que relaja, un gris que atenúa. Un gris que ha forjado mi persona.
domingo, 28 de octubre de 2012
Olor a menta
Otra noche más entre folios, asombrado por las ganas y el amor que tengo a rodearme de papeles y de un bolígrafo a la luz de un flexo. Mirar por la ventana, esperar que nieve. Mirar el reloj, sentir el alivio de no tener que irse. Mirar dentro de mi, agradecer que después de tanto tiempo, aún tengo cosas que contar.
Día más o día menos. Vaso medio lleno o medio vacío. Una carrera constante en la que no puedes pararte a coger aire. Observar nuestro alrededor y aprender de los que están dispuestos a enseñarnos, aunque ellos no sepan que lo hacen. Eso es vivir.
Sería absurdo plantearse algo distinto a lo de siempre. Que todo acaba en nada es lo único seguro, pues se irá la inspiración; pero quedará el recuerdo. Se irá el amor; pero quedará el consuelo. Se irá la amistad; pero quedará el respeto. Se irá mi cabeza; pero quedará lo escrito.
Y así pasan los días en mi interior, dos de tormenta y uno de calma. Sólo sé que el tiempo se va y que lo vivido pesa. Que solo queda la poesía y los restos de un alma que hace tiempo que partió.
jueves, 25 de octubre de 2012
Esta va por ti
Y miro de reojo el morro de ese botellín mientras corro el velo de otra noche en la que no concilio el sueño, tal vez por que soy culpable, tal vez por que soy inocente, tal vez por que soy; que es lo único que se.
Esperando impaciente esas palabras que no llegan aunque quieras que lleguen. Esperando que el tiempo solucione los problemas que el mismo ha impuesto. Esperando, esperando y volviendo a esperar. Solo queda lo que fue y el olor de ese perfume que se ha quedado en mi cabeza.
Alcancemos ese estado de inestabilidad que tanto nos gusta. Seamos la persona en mitad de una nevada, destacando del resto sólo por el hecho de que lo nuestro es tan nuestro como peligroso.
Me miraré al espejo todas las mañanas esperando ese cambio; que mi rostro esté resplandeciente y que mis ojos tomen ese brillo, el brillo que significa la vuelta de la ilusión, de las ganas; de ser yo mismo.
Líbrame del yugo que me aprieta sin tocarme. Permíteme cerrar los ojos. Toca el piano y deja que nuestras mentes dancen al ritmo de las delicadas notas que suenan al compás de nuestros latidos. Paremos el tiempo, que no el tempo; paremos de vivir por un segundo y seamos uno con el universo.
Gracias por estar ahí. Por ser tu misma.
Nadir
Nadir
martes, 23 de octubre de 2012
Calima.
No se si aprovechar el tiempo o terminar de matarlo. Ganas no me faltan de lo segundo; pero llegarán tantas experiencias, o eso dicen, que lo único que queda ya es curiosidad.
Más frío que un témpano pero menos que un alma vacía. Más roto que un cristal hecho pedazos pero menos que un corazón no correspondido. El todo es tan relativo como inefable. La nada, por mucho que se reflexione acerca de ella, no es.
Y por qué culparse si muchas veces no somos los que colocamos las barreras en el camino; y por qué culparse si por más que insistimos no damos más de nosotros. Y por qué culparse por no conseguir una cosa que el tiempo, tarde o temprano, nos arrancará de las manos.
Sólo los oídos y la capacidad para expresar lo que guardo dentro. Sólo una imagen para mantener vivos diecisiete años de recuerdos. Sólo una mirada para caer en la tentación y un beso; un beso que mantenga viva la llama del por qué queremos sentir.
Romperé una lanza a mi favor, pues pocos quedan que guarden mi espalda. Me contentaré con mi yo, con mi alma y con todos los que sufrís el desvarío de este lobo, enamorado de la luna y del reflejo de esos ojos verdosos que más de una noche me han mantenido en vela.
Nadir
lunes, 15 de octubre de 2012
Lluvia de verano.
Sé como te sientes, pero también sé como me siento yo; que ni bien ni mal, que ni altos ni bajos; que solo vacío. Impotencia por no sentir o no saber algo que en realidad tengo miedo a descubrir.
Puedo tirarme días y días intentando hallar algún por qué, pero en vano; pues las cuestiones que más tiempo nos ocupan son las que no tenemos el poder de resolver.
Tal vez vea la realidad con otros ojos, o sea esa misma realidad la que se ha ido distorsionando con el tiempo dejando un marco de desastres y de desolación; sólo tal vez.
Que tal vez alguna vez fui y que tal vez soy ahora el causante de ese gris continuo que no deja ver las nubes en el cielo; o simplemente fui o soy ese filtro de positividad, esas lentes que te hacían verlo todo de color de rosa.
" Me cuesta creerme a mi mismo cuando digo que no te creo, pero no quiero creerte por demostrar que me quiero, que queriéndome me anticipo a las caídas pero a veces se me olvida, por eso fallo y me hiero"
Olvidar es de cobardes, ambos lo sabemos; al igual que sabemos que el pasado era mejor y que pasar de lo que pasara era lo correcto. Un brindis por todo lo que habríamos conseguido, un brindis por comernos el mundo y un brindis por nosotros. Porque de una manera o de otra, siempre nos lo hemos merecido.
Enganchado a mi droga más que de costumbre, al fin y al cabo tenemos eso también en común. Escribir; escribir y soltar todo lo que tenemos, desde los más extensos glaciares hasta la más tímida lluvia de verano.
Ni más cerca ni más lejos, simplemente la nada. Ese vuelco que ha dado mi corazón en un suspiro. Una frase es la que hace que esté convencido -cada día más- de que lo más poderoso de este mundo es la palabra.
Buscando otra manera de enfocar la realidad.
Nadir.
martes, 2 de octubre de 2012
Nihil vos teneo
En busca de la paz de mi yo interior. Todo lo que no puedo conseguir a través de los sentidos, solo me queda buscarlo dentro de mi. Sentarme y respirar e intentar visualizar ese punto imaginario en mi mente, punto que por otra parte se halla perdido. Altibajos en el carácter provocan ignotos comportamientos y el sentir otra cosa que no sea confianza hace que sienta repulsión hacia mi persona. Pero poco se puede hacer cuando se ha intentado todo. Cuando ni los corticoides calman el dolor y sólo alivia un fino chorro de agua que se precipita desde el grifo hasta mi cráneo.
Cuando has avanzado la mitad del camino y sin ver la salida un tímido reflejo muestra una luz que te hace seguir en vano. Se acerca la noche y salen los depredadores; devorando las últimas esperanzas de un viejo loco soñador.
martes, 18 de septiembre de 2012
Pisadas
Corro y corro, y no soy capaz de escapar. Me persigue y no me deja. Da igual donde me esconda; en una casa, en una cueva, en lo más alto de un rascacielos o en lo más profundo de una mina. Ni yo ni nadie. Pero ¿Por qué? ¿Acaso es imposible? debe de serlo, todavía no he encontrado a nadie capaz de huir y estoy empezando a desesperarme. La agonía empieza a hacerme hasta daño.
Sigo caminando, giro la esquina y ahí está, otra vez; impasible, infinito, y tan efímero como un parpadeo.
Siento que soy libre, aunque se que nada escapa a su control. Es el titiritero de la vida, aunque no lo parezca. Aunque no lo veamos.
Tiempo.
Sigo caminando, giro la esquina y ahí está, otra vez; impasible, infinito, y tan efímero como un parpadeo.
Siento que soy libre, aunque se que nada escapa a su control. Es el titiritero de la vida, aunque no lo parezca. Aunque no lo veamos.
Tiempo.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Corazón de cristal
La esperanza desapareció. De golpe. A la velocidad que se fragmenta un cristal que cae al suelo. Estaba tan cerca y ahora tan lejos, que todo ese recorrido que antes era interminable ahora se convirtió en algo tan efímero como el mismísimo tiempo.
¿Por qué sentimos? ¿Por qué si el ser humano ha ido evolucionando para superar una serie de carencias seguimos teniendo esos sentimientos, que más que "alegría" lo que generan es dolor? ¿No se ha dado cuenta el organismo humano de que tener sentimientos es debilitarnos?
Y es que cuando tu corazón es de cristal, lo que menos necesitas es que jueguen con él.
¿Por qué sentimos? ¿Por qué si el ser humano ha ido evolucionando para superar una serie de carencias seguimos teniendo esos sentimientos, que más que "alegría" lo que generan es dolor? ¿No se ha dado cuenta el organismo humano de que tener sentimientos es debilitarnos?
Y es que cuando tu corazón es de cristal, lo que menos necesitas es que jueguen con él.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Y al final no ardió Troya.
Y me desperté otra mañana más, siguiendo los pasos impuestos por la rutina y deseando que sucediera algo; algo que ambos sabíamos que debía suceder. Hablo de hace más de un año ya. Cogí mis cascos y las llaves, me enfundé en mi abrigo y me colgué la mochila de un asa hasta que llegué a la puerta. Llovía y lo que menos me apetecía era realizar ese tortuoso camino hasta llegar a clase, quizá por el frío de una mañana invernal o quizá por el miedo a llegar y ver que todo seguía tal y como siempre.
Grata sorpresa me llevé al llegar al pasillo y notar que estabas, claro, como no ibas a estar, como siempre; ese olor era inconfundible. No me dio tiempo a llegar al umbral de la puerta cuando te encontré de frente, dirección a llenar la botella del agua, y para variar, nuestras miradas chocaron y saltaron chispas, chispas de un tren imaginario que acabaría descarrilando con el tiempo.
No abriste la boca ni para saludar, para qué, no era necesario, nos entendíamos perfectamente; o al menos eso pensaba yo.
Me senté tranquilamente en mi sitio a ver pasar las horas, apoyado en aquel radiador mientras nuestras miradas luchaban encarnizadamente por quedar por encima de la otra.
El tiempo fue quien destruyó todo. Ni tu ni yo, al final ninguno. ¿Miedo? Pavor más bien, eras tan impredecible como morena pero tu buen corazón hizo mella en el mío, eso está claro.
Dudo que leas esto, nunca, pero Troya no ardió por que ninguno de los dos pusimos la chispa. Tanto tú como yo. Ninguno. ¿Fuimos idiotas? Seguro, porque ahora no queda ni el intento de lo que antes eran llamas azuladas de fénix.
No abriste la boca ni para saludar, para qué, no era necesario, nos entendíamos perfectamente; o al menos eso pensaba yo.
Me senté tranquilamente en mi sitio a ver pasar las horas, apoyado en aquel radiador mientras nuestras miradas luchaban encarnizadamente por quedar por encima de la otra.
El tiempo fue quien destruyó todo. Ni tu ni yo, al final ninguno. ¿Miedo? Pavor más bien, eras tan impredecible como morena pero tu buen corazón hizo mella en el mío, eso está claro.
Dudo que leas esto, nunca, pero Troya no ardió por que ninguno de los dos pusimos la chispa. Tanto tú como yo. Ninguno. ¿Fuimos idiotas? Seguro, porque ahora no queda ni el intento de lo que antes eran llamas azuladas de fénix.
sábado, 15 de septiembre de 2012
El caso es yo.
Me siento en el alfeizar de la ventana esperando una ráfaga de aire frío que me despeje, no necesito soñar ni nada parecido pero si hasta los más grandes genios descansaban y eran dueños de su propio mundo en sus fantasías oníricas ¿por qué no puede hacerlo un chaval cualquiera?.
Los años pasan y me afectan, como a todos. Más para bien que para mal, creo que no tengo nada de que arrepentirme en el pasado y me va muy bien. En cambio, tengo algo que seguramente más de la mitad de vosotros no tenéis, y os lo cambiaría por lo que fuera. No se como soy. No puedo intuir como reaccionaré o como actuaré. Me desconozco completamente. Y eso es peor que cualquiera otra tortura.
Después de tanto tiempo me doy cuenta de que no me conozco a mi mismo, y a pesar de ello soy feliz, va a ser verdad eso de que ojos que no ven...
Baile de máscaras.
Como el rugir de un coliseo romano, pero sin tiempo para encontrarme a mi mismo. Tampoco me he parado a buscarme, sinceramente, pero creo que no voy a empezar a hacerlo. Tranquilidad me define, paz y sosiego. Fundirme con las notas de ese piano de mis cascos y desconectar. Aquel chaval que ves al otro lado de la acera, que conoces y que no saludas, para qué; no te guardo rencor, tienes el mismo tiempo para mí que yo para ti. Ninguno. Baile de máscaras, como un carnaval veneciano, como si quisiera tapar mis carencias con una coraza, sin entender por qué pero actuando como tal. Me quiero poco, lo sé. Y?
El principio del fin.
Un día más. Otro día que llueve. Cuesta pensar algo diferente pero se hace, al fin y al cabo es imposible dejar de pensar. Jazz de fondo y una página entera en blanco, en la que decir lo que quieres, sin tabúes. ¿Hay algo mejor? Lo hay, de eso estoy seguro. Viajo en un tranvía imaginario donde mis más profundos recuerdos pasan como diapositivas por las ventanillas, viendo todo rápido y con ninguna nitidez. Casi no recuerdo ya su nombre, o al menos eso intento. Para qué. Hacerlo no me va a devolver nada, aun así, siempre es bueno pararse un instante. La reminiscencia de todo lo ocurrido hace a mi mente gravitar en órbitas tan lejanas como ambiguas. Ya apenas recuerdo. Pero aún que no quiera, lo hago.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)