domingo, 2 de diciembre de 2012
Nirvana
Y ese roce tumbó las paredes. Exhausto y a la vez vital. Taciturno y locuaz. Irreverente a la vez que considerado y fogoso, tan fogoso que derretiría hasta el más puro hielo. Quitémonos la ropa, los complejos, las ataduras, la cabeza. Dejemos hablar al fulgor, a la rabia y acatemos su palabra sin pensar en las consecuencias. Hace mucho tiempo que asesinamos los tabúes, pero hace más aún que nos cargamos los miedos. Podemos con todo y el todo puede con nosotros, pero a la hora de querernos graniza, truena y cerrar los ojos y sentir se convierte en nuestro mejor arma. ¿Qué culpa tengo de que tú seas mi nirvana, si gracias a ti he aprendido a querer? ¿Qué culpa tengo de que tú seas mi luz en la sombra, mi ojo de Horus, mi "por qué" a secas? Prolonguemos ese instante de placer en el que conectan nuestros ojos. Hagamos fuego de miradas. Paremos el mundo para bajarnos en la luna, pues nuestro tren, solo tiene esa parada. Quiero tus labios burdeos y tus pupilas esmeralda. Amanezcamos bajo el hielo de un motel en Noruega y, por qué no, gritémosle al mundo que no hemos conseguido el cielo, pero casi. Busco anexión entre nosotros y a la hora de la verdad, no puedo encontrar otra cosa. Preciso sencillez y complejidad, locura y sensatez, busco hastío, y empalagarme de él para que el retorno a tu cuerpo sea tan ardiente que la sábana se tiña del color de la guerra. Valiente caballero defendiendo su reino, valiente caballero enamorado. Valiente muerto, de dolor, de silencio, valiente, así soy yo. Objeto que pueda darte paz, pues soy hombre de guerra. Objeto que pueda esconderme, si no es entre tus piernas. Objeto que no tengas mi sonrisa si la pides y objeto, como siempre, ser sólo algo que recuerdas. Si caen lágrimas, serán de fénix. La rabia que acumule, de fenrir, y mi coraje... Mi coraje es tuyo, úsalo a tu antojo. Burlemos los nervios al compás de los latidos y fundámonos en una nota musical que provoque escalofríos a cualquiera. Toquemos la tecla y seamos testigos de algo tan nuestro, que por ese simple hecho, sea perfecto Quiero ser el druida de esos labios y observar su curva desde mi escritorio. Quiero ser el que arranca a reír cada vez que el tiempo quiera llevarse nuestra historia, porque el tiempo es poderoso, pero no tanto.
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