No se si aprovechar el tiempo o terminar de matarlo. Ganas no me faltan de lo segundo; pero llegarán tantas experiencias, o eso dicen, que lo único que queda ya es curiosidad.
Más frío que un témpano pero menos que un alma vacía. Más roto que un cristal hecho pedazos pero menos que un corazón no correspondido. El todo es tan relativo como inefable. La nada, por mucho que se reflexione acerca de ella, no es.
Y por qué culparse si muchas veces no somos los que colocamos las barreras en el camino; y por qué culparse si por más que insistimos no damos más de nosotros. Y por qué culparse por no conseguir una cosa que el tiempo, tarde o temprano, nos arrancará de las manos.
Sólo los oídos y la capacidad para expresar lo que guardo dentro. Sólo una imagen para mantener vivos diecisiete años de recuerdos. Sólo una mirada para caer en la tentación y un beso; un beso que mantenga viva la llama del por qué queremos sentir.
Romperé una lanza a mi favor, pues pocos quedan que guarden mi espalda. Me contentaré con mi yo, con mi alma y con todos los que sufrís el desvarío de este lobo, enamorado de la luna y del reflejo de esos ojos verdosos que más de una noche me han mantenido en vela.
Nadir
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