martes, 25 de diciembre de 2012

Cogito ergo scribo

  Ni tras una feroz batalla soy capaz de darme tregua. Sigo navegando río arriba, indagando en aquello que ayer omitía; por lo que hoy tengo este porte, cansado, pero con ganas de guerra más que de paz. El dolor que destilan mis pasos deja ver un retal de confusión e impotencia que me sigue y no mengua, que clava en mi sus afiladas garras mostrando mi interior. Mis agallas se fueron hace tiempo y mi razón con ella, será por eso por lo que no me encuentro últimamente y me limito a reflexionar mientras escucho los sonidos de mi urbe a altas horas de la madrugada. Calma fuera y gritos en mi interior. Intentando escapar del desazón que produce mi desorden interno. Ya no escribo como antes. Cada línea nueva la pago con sangre y cada folio que lleno son tormentos, dudas o fallos que ni yo mismo se distinguir ni mucho menos superar. He llegado a ese punto donde hablar al folio pasa de ser afición a ser necesidad, donde me exijo más que en ningún otro sitio, donde quiero alcanzar el cenit de mis capacidades. Es curioso que lo que antes me otorgaba vida, ahora me la arrebate sin piedad alguna, pero así soy yo. Me gusta hacerme daño con la escritura, hacer supurar la herida, abrirla y cerrarla, con el fin de encontrar la respuesta que busco sin conseguirlo. Cabreado conmigo mismo por conocerme demasiado, pero en paz porque en el fondo sé que lo que hago es mi voluntad, cosa que muchos no pueden decir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario