No se la vendí, pero si cambié mi alma al diablo por dos discos y una vieja radio. Me puede el gélido ambiente de algunas noches al igual que siento la perforación, al recordar, de esas viejas agujas oxidadas. Haría del asfalto una alfombra, de la calle un templo y del parque un búnker donde sólo tenemos permitida la entrada esas almas errantes que buscamos paz en tiempos de guerra y caos.
Parece que fue ayer cuando vivíamos por y para ser felices y aunque hoy también lo hacemos, las perspectivas son diferentes. Hoy duele cuando fallamos, cuando sentimos, cuando recordamos... Hoy duele más que ayer; tal vez porque se acaba el tiempo o tal vez porque nos damos cuenta de que las heridas que no se ven son las que más tardan en curarse.
Quiero encontrar el trocito de espejo entre los miles de cristales rotos de ese vaso. Quiero encontrar el granito de arena que desentona del resto. Quiero sentirme único, venciendo en un pulso a la monotonía y rompiendo las reglas, una vez más, para dejar huella.
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