martes, 18 de septiembre de 2012

Pisadas

  Corro y corro, y no soy capaz de escapar. Me persigue y no me deja. Da igual donde me esconda; en una casa, en una cueva, en lo más alto de un rascacielos o en lo más profundo de una mina. Ni yo ni nadie. Pero ¿Por qué? ¿Acaso es imposible? debe de serlo, todavía no he encontrado a nadie capaz de huir y estoy empezando a desesperarme. La agonía empieza a hacerme hasta daño.
  Sigo caminando, giro la esquina y ahí está, otra vez; impasible, infinito, y tan efímero como un parpadeo.
Siento que soy libre, aunque se que nada escapa a su control. Es el titiritero de la vida, aunque no lo parezca. Aunque no lo veamos.
  Tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario