Corro y corro, y no soy capaz de escapar. Me persigue y no me deja. Da igual donde me esconda; en una casa, en una cueva, en lo más alto de un rascacielos o en lo más profundo de una mina. Ni yo ni nadie. Pero ¿Por qué? ¿Acaso es imposible? debe de serlo, todavía no he encontrado a nadie capaz de huir y estoy empezando a desesperarme. La agonía empieza a hacerme hasta daño.
Sigo caminando, giro la esquina y ahí está, otra vez; impasible, infinito, y tan efímero como un parpadeo.
Siento que soy libre, aunque se que nada escapa a su control. Es el titiritero de la vida, aunque no lo parezca. Aunque no lo veamos.
Tiempo.
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