sábado, 27 de septiembre de 2014

Extravío

Aquel eco de ausencia desterró al Hades al capitán de las almas heridas. Lanceábamos contra la adversidad como batalla de batallas. Guerra, gritábamos, y obteníamos un sonido similar al aleteo del colibrí: sordo. Ameno clima hostil que reconfortaba cada uno de mis músculos. Estoy hecho para luchar, soy un insensato. Se difumina el ansia de ver más allá del polvo que levantan mis pies. A hueco suenan los latidos. Sencillez caracterizada por enfermos páramos terrosos. Verdes maremotos, por otra parte, hacían retumbar las paredes. El huracán arrastró todo. Y el rayo... El rayo terminó por calcinarnos.
Menos fuerte fue el perdón, evocado por esa fina linea burdeos recorriendo mi pálido rostro. Me gusta cuando me siento yo mismo. Encerré a los sentimientos y sellé el sobre. Soy consciente que mi nombre aún retumba en tus paredes. El final no se hizo extrañar mucho, pues los principios siempre han estado establecidos. Larga espera a pesar de que se trataba de vientos de cambio, al fin y al cabo, mi brújula nunca indicó el norte. Tanto por recordar en la mesita de mi cuarto y las paredes que se desmoronan cuando recorro esos grabados con mis dedos.
El olor del crepúsculo siempre me ha hecho sentir más liviano. El metal templado alojado en mi pecho sigue enquistado. Sangrando por momentos y momentos a salvo. Intentando, como las carpas, trepar por una pared de agua. Agarrado a un clavo ardiendo porque con las cuerdas he atado mis ganas. Sutil aura gris me rodea esta mañana. La luz plateada me chilla que me escape, que me fugue a la ribera del río que ella me marque. Las trises melodías de ese piano me adecuan a ese bosque. Y yo pensando en prenderle fuego y encerrarme a ver si escampa.

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