Contagiados por la calma, por escuchar el eco transformarse en nada. La esperanza pende de un hilo tan fino como resistente; otros, en cambio, sólo podemos depender de nosotros. Tengo que decir, en mi defensa, que nos hemos vuelto locos. Una vorágine de sentimientos cruzados y este aroma a arena y sal no ayuda a lo contrario. Inmersos en el verano, echando en falta, por momentos, la chaqueta que me sirve de refugio en esos meses de frío invernal. Vuelvo a encontrarme vulnerable, como antaño. Me encuentro ciego; aunque, dentro de lo malo, solo. Al fin y al cabo, así acabaremos todos.
Por más que me resisto a ceder, cedo. Por más que intento evitarlo, caigo. Por más que me levanto, tropiezo de nuevo; y es que le he cogido el gusto al suelo. Dentro de un tiempo, volveremos a encender la llama de los sueños. Entonces, nos preguntaremos dónde quedan las heridas por las que hoy lloramos.
La vida es tan complicada como mágica. Y aunque, a veces, nos empeñemos en buscar atajos o en complicarnos, el camino es tan sencillo como hacerse caso.
Tal vez el cuerpo se haya hecho inmune a tanto. Después de todo, también somos humanos. Sin embargo, siempre queda hueco para un recuerdo aislado, que te descoloca. O para ese olor que se niega a abandonar tu almohada. Eso es, tal vez, lo bonito de existir. Y por eso, tal vez, merezca la pena despertarse otra mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario