Que alguien me diga que lo que hay dentro de mi no es de por vida. Que lo que hoy veo en el espejo no durará siempre. Que dentro del hielo existe el calor más absoluto. Que el invierno esconde sus lágrimas en copos de fina nieve blanca. Como yo las escondo en mi abrigo, impenetrable. Que alguien me diga que voy a volver a patear hojas mojadas, en el suelo, mientras escucho, de tu mano, la música que a ti te gusta. La realidad dista de lo que queremos, el problema viene cuando lo que queremos dista de la realidad. No podemos encerrarnos siempre, me dijeron. Y ni de lejos se acercaron, al error, por supuesto. Por eso abrimos las ventanas, para airearnos por dentro, otro año más. Es eso lo bonito de septiembre, ¿No?
domingo, 31 de agosto de 2014
Gris
Que alguien me diga que lo que hay dentro de mi no es de por vida. Que lo que hoy veo en el espejo no durará siempre. Que dentro del hielo existe el calor más absoluto. Que el invierno esconde sus lágrimas en copos de fina nieve blanca. Como yo las escondo en mi abrigo, impenetrable. Que alguien me diga que voy a volver a patear hojas mojadas, en el suelo, mientras escucho, de tu mano, la música que a ti te gusta. La realidad dista de lo que queremos, el problema viene cuando lo que queremos dista de la realidad. No podemos encerrarnos siempre, me dijeron. Y ni de lejos se acercaron, al error, por supuesto. Por eso abrimos las ventanas, para airearnos por dentro, otro año más. Es eso lo bonito de septiembre, ¿No?
miércoles, 27 de agosto de 2014
clouded
Todavía quedan posos, entre otras cosas, de ti, en mi. Todavía me desangro; porque me continúo arrastrando, desgarrando; porque amé tanto. Todavía me alejo, pensando. E incapaz de ver el llanto en mis propios ojos todavía puedo percibir la ausencia de esos 21 gramos. Cuánto pesará una vida sin tus manos, me pregunto. Y, sinceramente; todavía, me da miedo imaginármelo.
sábado, 23 de agosto de 2014
640
Nunca podré decir que fue la falta de amor. Ni que éste nos viniera grande. Ya no podré decir que edificamos en las nubes. Tampoco que rozamos con los dedos lo etéreo. Ay, satisfacción insaciable. Ya no podré abarcar con mis manos tu cuerpo. Como tampoco podré ser el mismo de hace tiempo. Y es que, tristemente, los deseos se esfuman. Fugaces. Como una mirada en una marquesina de autobús, en una estación, en una calle. Se apagan las luces y todo arde, por dentro. Quedando reducido a cenizas. Sólo perturba la calma del paraje calcinado el eco de los latidos de un corazón devorado por las llamas. Que intenta, muy despacio, recuperar la confianza en el amor. O eso queremos creer. Tachaba el roce de tus dedos con mi espalda de inefable. Tu sonrisa era la tiara de los dioses. Esos ojos, verdes. Esos labios rojos. Perderme en tu pelo. En el la soledad de tus lunares. Apenas recuerdo como he llegado a convertirme en esto. Reticente a la verdad y al resto. Creando un mundo paralelo. Mar, desierto. Y, de pronto, oscuridad. Silencio. Todo es gris. Porque, al marcharte, te llevaste contigo el color de mis días. Además de mi futuro. Además de un pedazo de mi. Por eso, siempre tuyo. Por eso, incompleto para siempre.
martes, 5 de agosto de 2014
0444
Contagiados por la calma, por escuchar el eco transformarse en nada. La esperanza pende de un hilo tan fino como resistente; otros, en cambio, sólo podemos depender de nosotros. Tengo que decir, en mi defensa, que nos hemos vuelto locos. Una vorágine de sentimientos cruzados y este aroma a arena y sal no ayuda a lo contrario. Inmersos en el verano, echando en falta, por momentos, la chaqueta que me sirve de refugio en esos meses de frío invernal. Vuelvo a encontrarme vulnerable, como antaño. Me encuentro ciego; aunque, dentro de lo malo, solo. Al fin y al cabo, así acabaremos todos.
Por más que me resisto a ceder, cedo. Por más que intento evitarlo, caigo. Por más que me levanto, tropiezo de nuevo; y es que le he cogido el gusto al suelo. Dentro de un tiempo, volveremos a encender la llama de los sueños. Entonces, nos preguntaremos dónde quedan las heridas por las que hoy lloramos.
La vida es tan complicada como mágica. Y aunque, a veces, nos empeñemos en buscar atajos o en complicarnos, el camino es tan sencillo como hacerse caso.
Tal vez el cuerpo se haya hecho inmune a tanto. Después de todo, también somos humanos. Sin embargo, siempre queda hueco para un recuerdo aislado, que te descoloca. O para ese olor que se niega a abandonar tu almohada. Eso es, tal vez, lo bonito de existir. Y por eso, tal vez, merezca la pena despertarse otra mañana.
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