Corro y corro, y no soy capaz de escapar. Me persigue y no me deja. Da igual donde me esconda; en una casa, en una cueva, en lo más alto de un rascacielos o en lo más profundo de una mina. Ni yo ni nadie. Pero ¿Por qué? ¿Acaso es imposible? debe de serlo, todavía no he encontrado a nadie capaz de huir y estoy empezando a desesperarme. La agonía empieza a hacerme hasta daño.
Sigo caminando, giro la esquina y ahí está, otra vez; impasible, infinito, y tan efímero como un parpadeo.
Siento que soy libre, aunque se que nada escapa a su control. Es el titiritero de la vida, aunque no lo parezca. Aunque no lo veamos.
Tiempo.
martes, 18 de septiembre de 2012
lunes, 17 de septiembre de 2012
Corazón de cristal
La esperanza desapareció. De golpe. A la velocidad que se fragmenta un cristal que cae al suelo. Estaba tan cerca y ahora tan lejos, que todo ese recorrido que antes era interminable ahora se convirtió en algo tan efímero como el mismísimo tiempo.
¿Por qué sentimos? ¿Por qué si el ser humano ha ido evolucionando para superar una serie de carencias seguimos teniendo esos sentimientos, que más que "alegría" lo que generan es dolor? ¿No se ha dado cuenta el organismo humano de que tener sentimientos es debilitarnos?
Y es que cuando tu corazón es de cristal, lo que menos necesitas es que jueguen con él.
¿Por qué sentimos? ¿Por qué si el ser humano ha ido evolucionando para superar una serie de carencias seguimos teniendo esos sentimientos, que más que "alegría" lo que generan es dolor? ¿No se ha dado cuenta el organismo humano de que tener sentimientos es debilitarnos?
Y es que cuando tu corazón es de cristal, lo que menos necesitas es que jueguen con él.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Y al final no ardió Troya.
Y me desperté otra mañana más, siguiendo los pasos impuestos por la rutina y deseando que sucediera algo; algo que ambos sabíamos que debía suceder. Hablo de hace más de un año ya. Cogí mis cascos y las llaves, me enfundé en mi abrigo y me colgué la mochila de un asa hasta que llegué a la puerta. Llovía y lo que menos me apetecía era realizar ese tortuoso camino hasta llegar a clase, quizá por el frío de una mañana invernal o quizá por el miedo a llegar y ver que todo seguía tal y como siempre.
Grata sorpresa me llevé al llegar al pasillo y notar que estabas, claro, como no ibas a estar, como siempre; ese olor era inconfundible. No me dio tiempo a llegar al umbral de la puerta cuando te encontré de frente, dirección a llenar la botella del agua, y para variar, nuestras miradas chocaron y saltaron chispas, chispas de un tren imaginario que acabaría descarrilando con el tiempo.
No abriste la boca ni para saludar, para qué, no era necesario, nos entendíamos perfectamente; o al menos eso pensaba yo.
Me senté tranquilamente en mi sitio a ver pasar las horas, apoyado en aquel radiador mientras nuestras miradas luchaban encarnizadamente por quedar por encima de la otra.
El tiempo fue quien destruyó todo. Ni tu ni yo, al final ninguno. ¿Miedo? Pavor más bien, eras tan impredecible como morena pero tu buen corazón hizo mella en el mío, eso está claro.
Dudo que leas esto, nunca, pero Troya no ardió por que ninguno de los dos pusimos la chispa. Tanto tú como yo. Ninguno. ¿Fuimos idiotas? Seguro, porque ahora no queda ni el intento de lo que antes eran llamas azuladas de fénix.
No abriste la boca ni para saludar, para qué, no era necesario, nos entendíamos perfectamente; o al menos eso pensaba yo.
Me senté tranquilamente en mi sitio a ver pasar las horas, apoyado en aquel radiador mientras nuestras miradas luchaban encarnizadamente por quedar por encima de la otra.
El tiempo fue quien destruyó todo. Ni tu ni yo, al final ninguno. ¿Miedo? Pavor más bien, eras tan impredecible como morena pero tu buen corazón hizo mella en el mío, eso está claro.
Dudo que leas esto, nunca, pero Troya no ardió por que ninguno de los dos pusimos la chispa. Tanto tú como yo. Ninguno. ¿Fuimos idiotas? Seguro, porque ahora no queda ni el intento de lo que antes eran llamas azuladas de fénix.
sábado, 15 de septiembre de 2012
El caso es yo.
Me siento en el alfeizar de la ventana esperando una ráfaga de aire frío que me despeje, no necesito soñar ni nada parecido pero si hasta los más grandes genios descansaban y eran dueños de su propio mundo en sus fantasías oníricas ¿por qué no puede hacerlo un chaval cualquiera?.
Los años pasan y me afectan, como a todos. Más para bien que para mal, creo que no tengo nada de que arrepentirme en el pasado y me va muy bien. En cambio, tengo algo que seguramente más de la mitad de vosotros no tenéis, y os lo cambiaría por lo que fuera. No se como soy. No puedo intuir como reaccionaré o como actuaré. Me desconozco completamente. Y eso es peor que cualquiera otra tortura.
Después de tanto tiempo me doy cuenta de que no me conozco a mi mismo, y a pesar de ello soy feliz, va a ser verdad eso de que ojos que no ven...
Baile de máscaras.
Como el rugir de un coliseo romano, pero sin tiempo para encontrarme a mi mismo. Tampoco me he parado a buscarme, sinceramente, pero creo que no voy a empezar a hacerlo. Tranquilidad me define, paz y sosiego. Fundirme con las notas de ese piano de mis cascos y desconectar. Aquel chaval que ves al otro lado de la acera, que conoces y que no saludas, para qué; no te guardo rencor, tienes el mismo tiempo para mí que yo para ti. Ninguno. Baile de máscaras, como un carnaval veneciano, como si quisiera tapar mis carencias con una coraza, sin entender por qué pero actuando como tal. Me quiero poco, lo sé. Y?
El principio del fin.
Un día más. Otro día que llueve. Cuesta pensar algo diferente pero se hace, al fin y al cabo es imposible dejar de pensar. Jazz de fondo y una página entera en blanco, en la que decir lo que quieres, sin tabúes. ¿Hay algo mejor? Lo hay, de eso estoy seguro. Viajo en un tranvía imaginario donde mis más profundos recuerdos pasan como diapositivas por las ventanillas, viendo todo rápido y con ninguna nitidez. Casi no recuerdo ya su nombre, o al menos eso intento. Para qué. Hacerlo no me va a devolver nada, aun así, siempre es bueno pararse un instante. La reminiscencia de todo lo ocurrido hace a mi mente gravitar en órbitas tan lejanas como ambiguas. Ya apenas recuerdo. Pero aún que no quiera, lo hago.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)