sábado, 18 de octubre de 2014

worn out


Me dejaron morder más de la cuenta y, cuando quise darme cuenta, estaba 'hasta el cuello'. La negatividad es, con toda seguridad, el punto álgido de la precocidad intelectual de cada uno. Lo positivo es un destello. De luz. Que se disipa con cada pequeña dosis de empirismo que nos administra la vida. En común y por separado. Y es que
eramos la mar embravecida, el olor a pólvora quemada después de dispararnos a matar. Arrasábamos bosques reduciéndolos a ceniza solo con mirarnos. Y ahora somos, únicamente, seiscientas impresiones. Veinte cuadros. Y ocho notas musicales. La fricción mantiene el clima idóneo para el agitar de tus cabellos. El eco de un gemido capaz de agrietar un corazón. Una cama deshecha. Un olor. Un pozo de locura al que me caigo cada vez que respiras mi aire. Y recorrerte cada mañana en un espejo. Porque cada vez que estiro la mano siento el frío del cristal atravesándome.
Pesa el pavor, aunque no más que el éxtasis que proyecta el transitar de tus pasos desnudos en la madera de mi cuarto. Ni aquellos rayos de luna que se escapan a tu contorno. Retrocedo ante el reflejo que me muestro de mí. Precisamente porque es de mí. Y no de ambos.
Y eso no hay corazón que lo soporte.

2 comentarios: