Vamos a jugar otra vez a nuestro juego de miradas. A pasear de la mano entre la muchedumbre de una plaza parisina. A volver a sonreírnos como antaño. Vamos a volver a encontrar nuestros labios bajo la luna; que vuelva a envidiarnos porque nuestro amor ilumina más que su luz. A luchar por lo que es nuestro. A recuperar lo que hemos perdido. Pero, sobre todo, vamos a ser felices. Juntos.
No hay ojos verdes que me vuelvan más loco No hay pelo que me guste más acariciar. Labios que me guste más besar. Cuello por el que me guste más precipitarme. Pechos en los que me pierda igual. Espalda que prefiera recorrer. Y, si, lo que tienes entre las piernas lo quiero para mí y sólo para mí. Me tiraría toda la vida describiéndote. Describiendo todo lo que me sugiere cada una de tus células. De tus poros. Pero prefiero pasarme la eternidad tumbado contigo en la cama. En las nubes, y con la cabeza más arriba aún.
No hay un yo, sin un tu. No hay un Isra sin Andrea. No hay un carácter que me guste más domar que el tuyo. No hay un instante que no desee hablar contigo. No hay momento en el que no desee perdernos juntos y llevar a cabo nuestro sueño. Porque lo que siento es tan fuerte que, con sólo una gota de ello, podría provocarse un segundo Big-Bang. Los científicos no le encuentran nombre, pero yo sí que lo tengo. Se llama amor, y quien lo probó, lo sabe.
"Quiero ser el que arranca a reír cada vez que el tiempo quiera llevarse nuestra historia, porque el tiempo es poderoso, pero no tanto"
Y bien que lo intentó el hijo de puta. Pero no hay fuerza sobrenatural capaz de doblegar la voluntad de los enamorados.
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