sábado, 18 de octubre de 2014

worn out


Me dejaron morder más de la cuenta y, cuando quise darme cuenta, estaba 'hasta el cuello'. La negatividad es, con toda seguridad, el punto álgido de la precocidad intelectual de cada uno. Lo positivo es un destello. De luz. Que se disipa con cada pequeña dosis de empirismo que nos administra la vida. En común y por separado. Y es que
eramos la mar embravecida, el olor a pólvora quemada después de dispararnos a matar. Arrasábamos bosques reduciéndolos a ceniza solo con mirarnos. Y ahora somos, únicamente, seiscientas impresiones. Veinte cuadros. Y ocho notas musicales. La fricción mantiene el clima idóneo para el agitar de tus cabellos. El eco de un gemido capaz de agrietar un corazón. Una cama deshecha. Un olor. Un pozo de locura al que me caigo cada vez que respiras mi aire. Y recorrerte cada mañana en un espejo. Porque cada vez que estiro la mano siento el frío del cristal atravesándome.
Pesa el pavor, aunque no más que el éxtasis que proyecta el transitar de tus pasos desnudos en la madera de mi cuarto. Ni aquellos rayos de luna que se escapan a tu contorno. Retrocedo ante el reflejo que me muestro de mí. Precisamente porque es de mí. Y no de ambos.
Y eso no hay corazón que lo soporte.

martes, 14 de octubre de 2014

Heroína

Gritos. Guerra. Calma. Sé quién eres y que tienes la cura. Machácame por dentro. Rabia. Sosiego. Rebeldía. Sinceramente, sabes más que yo sobre mí. Arriésgate. Huye. Llora. Fortaleza en prados de origami y lujuria encerrados en nuestra burbuja de los países nórdicos. Arremete contra mi impotencia. Arráncame de las garras de las ganas de la noche. Acompáñame a resucitar. Golpea. Enseña. Aparece. Longitud exacerbada. Largas tardes a la espalda. Larga madrugada con la luna en los hombros. Apoyado en el reflejo de la luz de tu cuarto. En torno al miedo, asco. Y a quién coño le importaba si estábamos drogados. Latitud en el plano. Acuerdos. Tratos. Chascos. Como todos. Como tantos. Tanto daño reducido a nada y tanta nada reducida a 'sobrevive'. Juntos. Solos. Malamente acompañados. El Santo Grial de tus labios. El vino de tu sangre derramada con la mía. Y una hostia que termine con la pesadilla. Lucha contra el eco del rugir de los desesperados. Rompe las barreras y los lazos. Fuera llueve y aquí dentro nos mojamos.

Subsistimos a base de recuerdos. Y con un futuro     claro           

Heroína. 

domingo, 12 de octubre de 2014

13


Llueve.


Quiero que le pongas mi nombre a tus sueños. A tus pisadas. A tu cielo. Quiero que le pongas mi nombre a tus risas de invierno. A la pasión al besarle. Al comerte el mundo. Quiero que le pongas mi nombre a tu despertar por las mañanas. Al primer café en ayunas. Ponle mi nombre a tu integridad. A la capacidad que tienes de abstraerte. A tu longevidad. Ponle mi nombre a tus miedos. A tu calma. A tu ser más sincero. Ponle mi nombre a tus valores. Ponle mi nombre a todo aquello que hay detrás. Ponle mi nombre a aquella noche. A tus hijos. A la luna. Al cielo si hace falta. Ponle mi nombre al fuego del infierno donde habito. Hazlo rápido. Etiqueta mi nombre en cada uno de los rincones de tu cama. De tu transitar diario.Pon mi nombre al éxodo donde te escondes cada vez que necesitas calma. Escribe mi nombre en cualquier ápice de recuerdo que tengas. Ponle mi nombre al sopesar de las horas perdidas. Ponle mi nombre al palacio de cristal que te construyan intentando hacerte creer que alguien te ha amado más que yo. Llama como yo, también, al deseo. Al fruto del éxtasis entre dos cuerpos que chorrean lujuria. Ponle mi nombre a los versos más bonitos que no me escribas. A la piedra que no deje de aparecer en tu camino. Escribe mi nombre en el suelo cada vez que caigas. En el aire cada vez que te levantes. Susurra mi nombre al tiempo, a ver si escampa y aparezco. De verdad, hazlo. Y no por mí.
Escribe mi nombre y, date cuenta de una vez.

No merezco más que aquello que doy. Pero eso es tan subjetivo que ni yo soy capaz de ver por donde llegan hoy los tiros. Sangro y me desmallo. Pero eso ya lo sabías. ¿No? Los sentidos son tan abstractos que vivimos en una carretera de doble dirección. Y yo, confundido, de nuevo. Aunque no como al principio. Sé donde está el límite entre lo bueno y lo malo. La rabia expresada en veinte años. Larga brevedad es mi ser que, allá donde esté, sabe qué esperar para que no vuelvan a infravalorarlo.
Memorias de un osado.