domingo, 28 de abril de 2013

La llama azul

 No se si me tiembla el pulso por el frío o por el alcohol. Las sombras se ciernen sobre el reino de los valientes una vez más. ¿Quién dijo intrépidos? Más bien armados hasta los dientes de complejos e imperfecciones, pero tal vez eso sea lo que les hace grandes. Respirando agujas, nos acercamos al volcán donde podríamos rescatar nuestras pasiones más ocultas. Enfrentados al dragón que las custodia que, enfurecido, chamusca nuestras más profundas esperanzas y las reduce a polvo. Mi arma será esta noche la palabra y la blandiré aun expuesto a caer en el reino de los olvidados. Este pequeño no puede ni con su alma y atrapado reza por romper las cuerdas que le atan a este mundo lleno de frustraciones y desengaños que no hacen sino empequeñecer la grandeza de su espíritu. Exhalo vaho en las noches más frías mientras me deshidrato porque he pasado de beber del néctar que me dabas al vino barato, que seca, pero ayuda a que no vuelvas a aparecer en mi interior por unas horas. Las discusiones se me hacen largas y pesadas porque, cuando tu enemigo eres tu mismo, no ves más allá de lo que quieres ver para no inmolarte. Ayúdame -me dije- y aún oigo el eco de mi rugido más sincero.

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