domingo, 10 de marzo de 2013

Frozen

  Hasta las gotas que resbalan del alfeizar de mi ventana me taladran esta noche. Dentro de mi corren restos de desordenados sentimientos intentando encontrar un hueco en un niño con el alma cerrada por reformas. El sol ya no resplandece como antes y su radiación sólo calienta mi cuerpo, pues mi interior es un bloque de fino y puntiagudo hielo que hiere cada sensación y la hace más molesta e incómoda que nunca. El recorrido se hace más empinado y tortuoso a medida que pasa el tiempo y la única manera de encontrar el final es escalando la montaña de mi "yo", pero claro, primero hay que escalarla. Piso barro y charcos y me noto cansado, más cansado que nunca. Este invierno se está haciendo demasiado largo.

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