lunes, 4 de febrero de 2013

Graynbow

  Agarrado a un clavo ardiendo. Mi cabeza está en desorden últimamente. Me pesa cada día y cada hora. Las sonrisas han pasado de ser gratuitas a costar un mundo cada una. En mi tablero de ajedrez solo quedo yo, al igual que en ese viejo escenario un par de cortinas hechas jirones y un tocadiscos roto. Los focos no se encienden en mi obra de teatro, acostumbrándome tanto a la oscuridad que, ahora, el mínimo haz de luz podría dejarme ciego. Solo veo las sombras que proyectan las marionetas, al igual que los individuos que Platón relató en su Mito de la caverna. He cambiado el gris del cielo por el colorido de mi alma, para ver si así puedo camuflar el rojo del dolor. He cambiado la esperanza al color verde para achacarlo al pantano donde ahora mismo habita esta. Haré responsable a mis sueños de lo que hoy anhelo. Intentaré creerme dios por un día y condenaré a mis instintos al destierro. Prometo intentar mirar más allá, pero no aseguro que mi mirada vaya más allá de lo que en realidad quiero ver.

 "Y demos de la mano otro paseo más por aquel boulevard francés, viajando de nuevo por una escala de grises, que sigo ansioso por escuchar ese acento, pues hoy en día solo lo recuerdo pronunciando las palabras que más me llegan a doler" 

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