Abrí los ojos otra mañana más, u otra mañana menos. No recordaba ya muy bien
ni el día ni la hora, pero claro estaba que no podía dormir más. Cansado de
soñar con ella, otra vez. Otra vez el mismo sueño. Nadie me dijo levanta, nadie
me dijo que me vistiera, nadie me dijo nada. Mi habitación era mi pompa, mi relación
con mis padres era tormentosa. Claro, como se iban a imaginar ellos lo que
pasaba por mi cabeza en ese momento. Cómo iban a entender a un chaval de 17
años, en plena pubescencia, que solo pensaba en su música y en sus amigos.
[Nadir no me llaman actualmente, pero yo me auto-llamo
como quiero, y en ese momento no entendía ni su significado, ni por qué es tan
importante para mí. Lo que refleja esa palabra]
No eran aún ni las 8:00 de la
mañana y mi subconsciente comenzó a centrifugar los restos de ropa sucia que se
quedaron en él la noche anterior. El camino tortuoso y monótono hacia la jaula
de babuínos sin cerebro, con la que podría confundirse mi clase, hacía que cada
día cogiera más tirria a este mundo echado a perder por la corrupción y la
demagogia barata.
Mentiría si os dijera
que no tenía ningún motivo, a parte del estrictamente académico para ir a clase,
pero ese día no era yo. Era un ser. Un ente que vagaba por los pasillos en
busca de respuestas a unas preguntas que tenía miedo a contestar.
[Si, así soy. Soy una persona difícil, tengo un carácter
muy fuerte y soy muy gruñón. No acepto una crítica. Para quererme hay que
aguantarme. Soy una persona confusa por naturaleza, pero que pelea por lo que
quiere. Soy una persona que no piensa en si misma, pero que luego se arrepiente
de sus actos. En otras palabras, soy un gilipollas]
[Duele cuando sale, duele, pero ahí va; no me
enrollo más]
Después de clase, de echar la tarde en los bancos de fuera de la biblioteca
y de llegar del gimnasio encuentro lo que podría denominarse el “botón del
cambio”. Ese día, 1 de Febrero de 2012, a las 23:10 recibo un mensaje.
Anonadado, para qué nos vamos a engañar, lo contesto. En dos días, mi cabeza
dio un giro increíble e inesperado. Todo lo que había en ella se formateó y los
datos que almacenaba fueron sustituidos.