jueves, 28 de febrero de 2013

Capítulo 1


Abrí los ojos otra mañana más, u otra mañana menos. No recordaba ya muy bien ni el día ni la hora, pero claro estaba que no podía dormir más. Cansado de soñar con ella, otra vez. Otra vez el mismo sueño. Nadie me dijo levanta, nadie me dijo que me vistiera, nadie me dijo nada. Mi habitación era mi pompa, mi relación con mis padres era tormentosa. Claro, como se iban a imaginar ellos lo que pasaba por mi cabeza en ese momento. Cómo iban a entender a un chaval de 17 años, en plena pubescencia, que solo pensaba en su música y en sus amigos.

[Nadir no me llaman actualmente, pero yo me auto-llamo como quiero, y en ese momento no entendía ni su significado, ni por qué es tan importante para mí. Lo que refleja esa palabra]
              
           No eran aún ni las 8:00 de la mañana y mi subconsciente comenzó a centrifugar los restos de ropa sucia que se quedaron en él la noche anterior. El camino tortuoso y monótono hacia la jaula de babuínos sin cerebro, con la que podría confundirse mi clase, hacía que cada día cogiera más tirria a este mundo echado a perder por la corrupción y la demagogia barata.
           Mentiría si os dijera que no tenía ningún motivo, a parte del estrictamente académico para ir a clase, pero ese día no era yo. Era un ser. Un ente que vagaba por los pasillos en busca de respuestas a unas preguntas que tenía miedo a contestar.

[Si, así soy. Soy una persona difícil, tengo un carácter muy fuerte y soy muy gruñón. No acepto una crítica. Para quererme hay que aguantarme. Soy una persona confusa por naturaleza, pero que pelea por lo que quiere. Soy una persona que no piensa en si misma, pero que luego se arrepiente de sus actos. En otras palabras, soy un gilipollas]

            Llegué a clase y desconecté los auriculares de un tirón, como todos los días. Sentado en esa silla de madera verde y fría, esperando, matando el tiempo. La hora de salida no estaba cerca, ni mucho menos, pero mi cabeza solo se centraba en una persona.  Santiago intentaba mantenerme ocupado, me distraía de vez en cuando. Era el único conocedor de mi drama. El único que sabía como mantener mis nervios a raya. Pero también era crítico y me decía lo que no quería oír. Lo que provocaba mi enfado matutino diario.  

[Duele cuando sale, duele, pero ahí va; no me enrollo más]

Después de clase, de echar la tarde en los bancos de fuera de la biblioteca y de llegar del gimnasio encuentro lo que podría denominarse el “botón del cambio”. Ese día, 1 de Febrero de 2012, a las 23:10 recibo un mensaje. Anonadado, para qué nos vamos a engañar, lo contesto. En dos días, mi cabeza dio un giro increíble e inesperado. Todo lo que había en ella se formateó y los datos que almacenaba fueron sustituidos.

                                                                                                                                                                           CONTINUARÁ.

Efímero


[...]
- Desconectar del móvil no me vendría nada mal
+ Ni a ti ni a nadie
- De momento..
+ A la cama, anda
- Si, suerte
+ Que estarás cansada
- Lo mismo digo
- De momento me propongo retos; como vivir, por ejemplo
+ Vivir no es un reto; lo que es un reto es buscar una vida sencilla, estar a gusto contigo mismo
- Le dijo la sartén al cazo
+ Ya, es fácil decirlo
-Pues retos, como hacer la vida algo más sencilla, por ejemplo
+ Y cómo lo hacemos?
- Pues, o aparece el genio de la lámpara con tres deseos, y me sobran dos... O con cojones
+ Pues yo pediría 3 deseos más, que quieres que te diga
- Te cedo los dos míos, ya tienes 5, elige bien eh!
+ Para que quiero dos de tus deseos? desearía otros dos deseos para ti xd
- Que considerado, por favor xd
+ No se, yo no se que pediría
- Suponiendo que aparezca ese genio, yo tampoco... así que, como no va a aparecer, no pasa nada si se dice, no?
+ Efectivamente

- Entonces, ni idea de qué pedir?
+ La tienes tu? pregunto
-Ligera, demasiado ligera

[...]

  Y aquí yacen los deseos más inalcanzables de estos seres. Yacen las penas y las batallas perdidas de dos guerreros condenados. Una lucha por apagar la llama que alguien se dejó encendida. Ninguno tiene nada que decir pero ambos desean gritarle al mundo todo lo que llevan dentro.

 "Coronar un ocho mil, aunque haga un frío que te cagas, aunque no haya oxígeno. Sólo para darnos el gustazo de tener el mundo a nuestros pies…aunque sólo sean unos minutos. Tan cortos como la vida de una mariposa de Vietnam..."



martes, 19 de febrero de 2013

Ambrosía

  Ella es como el sol, radiante. Su pelo largo y rizado, digno del león que forja su carácter. El puente que describen sus cejas forma mi arco iris interno. Sus ojos son tan verdes y brillantes que más de una vez me he perdido en su tundra. Su nariz es mi tobogán a la felicidad. Sus labios del color de la manzana de Eva, como un rubí, responsables de mis suspiros, me han hecho adicto a ella. Esos hoyuelos son abismos donde caigo, abismos que no tienen final. Sus mejillas son platos suaves de jade, vajilla de antiguas dinastías. Tiene un cuello de cisne que pide a gritos ser recorrido por mi respiración. Una clavícula en la que llevo perdido más de un año. Sus hombros son mi soporte en días grises. Dos brazos largos y firmes, ágiles y fuertes. Unas manos prodigiosas que me muero por tener entre las mías. Su pecho es firme y bello. Recorro todo su vientre en busca de alguna imperfección, pero no la encuentro. Buscando el camino prohibido por su pelvis hasta encontrar su punto de inflexión. Caminando por su monte de Venus con la lengua, asomándome con ella a lo más profundo de su ser. Sus piernas kilométricas me han hecho pasar más de una noche en vela buscando su final y todavía no soy capaz de verlo. Y sus pies. Vivo por ellos y deseo cada milímetro.

  Un cuerpo que no se si está diseñado por los dioses, pero si que sé que está hecho a mi medida. No cambiaría ni un ápice de él. Un cuerpo que hoy en día me pertenece y que me trae por la senda de la locura. Un cuerpo para el pecado. Un cuerpo que deseo tanto como amo. Ese cuerpo que, hasta el día de hoy, solo yo he podido ver y disfrutar. Gracias, Andrea, por haberme hecho creer en el amor.


lunes, 4 de febrero de 2013

Graynbow

  Agarrado a un clavo ardiendo. Mi cabeza está en desorden últimamente. Me pesa cada día y cada hora. Las sonrisas han pasado de ser gratuitas a costar un mundo cada una. En mi tablero de ajedrez solo quedo yo, al igual que en ese viejo escenario un par de cortinas hechas jirones y un tocadiscos roto. Los focos no se encienden en mi obra de teatro, acostumbrándome tanto a la oscuridad que, ahora, el mínimo haz de luz podría dejarme ciego. Solo veo las sombras que proyectan las marionetas, al igual que los individuos que Platón relató en su Mito de la caverna. He cambiado el gris del cielo por el colorido de mi alma, para ver si así puedo camuflar el rojo del dolor. He cambiado la esperanza al color verde para achacarlo al pantano donde ahora mismo habita esta. Haré responsable a mis sueños de lo que hoy anhelo. Intentaré creerme dios por un día y condenaré a mis instintos al destierro. Prometo intentar mirar más allá, pero no aseguro que mi mirada vaya más allá de lo que en realidad quiero ver.

 "Y demos de la mano otro paseo más por aquel boulevard francés, viajando de nuevo por una escala de grises, que sigo ansioso por escuchar ese acento, pues hoy en día solo lo recuerdo pronunciando las palabras que más me llegan a doler"