Todavía huelo a ti.
Y las últimas lágrimas que derramaste siguen impregnadas en mi piel.
Bordadas.
Con aguja y un fino hilo de esperanza.
Verde.
Verdes.
Como el bosque donde nos perdíamos en mi sueño.
Con aquel lago, vasto.
Y tan etéreo e inefable como un susurro al viento.
Cada vez veo menos.
Y siento más.
Por eso esas lágrimas están frías.
Por eso, el tiempo.
Por eso, nosotros.
Por eso, amar.
Karma
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