miércoles, 30 de julio de 2014

Mi purga


Fuimos tan frágiles y tan diferentes. Y, aún sabiéndolo, jugábamos en el borde. Dulce inocencia.
Hoy; liberamos a la bestia, que no es otra que la fuerza de la primavera. Que no es otra que el olor a nieve, desde tu ventana, después de un amanecer rosado acompañado de caricias en la espalda.

Me pregunto por qué, después de encontrarte entre las sábanas, me mirabas y sonreías. Si amar es volverse débil, indefenso; y siempre has sido gélida como los besos de invierno. Como el hielo, que se derretía sobre tu cuerpo cuando jugábamos a no ser buenos.

Acostumbrado a despertarme con lo eterno. Indignado, porque sólo sabemos la parte feliz de los cuentos y no revelan como el príncipe se emborracha por dentro, con el brillo que desprenden unos ojos de jade. Como el príncipe se engancha. Ni como, finalmente, decide volver a perseguir dragones. Pues es menor el daño de mil púas atravesando su acero que el del cuento, cuando todo acaba.




Cuando aprenda a volar y me lleve el aire..