domingo, 11 de noviembre de 2012

Ártico

  Al margen. Frío y distante. Hielo puro. Bajo cero. Un témpano que dentro encierra el fuego más intenso que puede irradiar una persona. Comido por lo que vaga por mi cabeza y con ganas de explotar, reduciendo todo a cenizas en una espiral de rabia y desacierto. ¿Daré entonces con la tecla? ¿De verdad esa es la fórmula? Cada persona es un mundo, en cambio, las consecuencias son las mismas. 

  Solo sé que estoy, que el desastre implica malas decisiones antes tomadas y que el saber llama al saber. Las heridas que ayer dolían acabaron convertidas en recuerdos que todavía no he borrado, tal vez por miedo, o tal vez porque así sé que lo que ahora tengo es mil veces mejor.

  Solo es un punto de vista diferente, gris. Un gris que iluminará mi más oscura luz, apagando los más brillantes resquicios de lo que quede en mi mente. Un gris que relaja, un gris que atenúa. Un gris que ha forjado mi persona.